La figura del director rumano es quizás una de las más controvertidas tal vez de la historia de la dirección. Una personalidad llena de aristas le hicieron crear un personaje que le acompañó hasta su muerte. Ese carácter obtuso y difícil formaba parte de una manera especia de entender la vida y la música. Todo ello formaba parte de un cóctel a veces explosivo que le permitió el respeto y cierto temor en los ambientes musicales por lo imprevisible de su carácter.

Celibidache era uno de esos directores creativos que hacían saltar las alarmas de cualquier orquesta. Lejos de mantenerse en los linderos de la partitura trataba de crear algo nuevo con su presencia. La novedad residía en un férreo trabajo disciplinar con los músicos y horas de trabajo incansable. Músicos que trabajaron con él insisten en lo mucho que aprendieron del rumano pero también en lo mucho que sufrieron aprendiendo, y es que el maestro no escatimaba en su esfuerzo pero no regateaba en ningún caso un reproche y según dicen algún insulto en pleno frenesí ensayístico.
Esquivo de cámaras y micrófonos entendió siempre que su función era la de adiestrar a la orquesta para que ésta sacara lo mejor de sí misma. La interpretación era algo que debía juzgarse en los auditorios y salas de conciertos y no a través de un disco. Trató de evitar , en un cierto divismo, las grabaciones de sus directos, pero él mismo procuró muchas de esas grabaciones para que circularan. La enseñanza era su reto y eso le hizo pasar a la historia. Defensor a ultranza de la espiritualidad en el música creyó en ésta como en una experiencia ciertamente trascendental que permitiera en la audición una cercanía casi divina a un estado espiritual muy cercano a los postulados del budismo zen en los que tanto creyó. Todo ese misticismo le hace concebir la música en directo como un acto supremo que permite en un accésis místico la quietud necesaria para la observación del bien en sí mismo.
Toda esta espiritualidad no le valió para el temple de un ánimo que le granjeó no pocos problemas con sus propios músicos y compañeros. Su desprecio de Toscanini era manifiesto. La personalidad única fue pues la causa y el efecto de un genio controvertido. De muchas de sus representaciones hemos tenido noticia con carácter póstumo, recomendamos.
Bruckner : Sinf. 3-5, 7-9
Director de Orquesta: Celibidache, Sergiu
Compositor: Bruckner
Sello Discográfico: DEUTSCHE GRAMMOPHON
- PABLO RODRÍGUEZ HIRSCH - |