El sonido del viejo Minton´s, el sonido de una época de Club recreada en tantas viejas cintas, de humo de hoy proscritos cigarrillos, de habanos proscritos siempre por su procedencia faltona. El sonido de un viejo Chevrolet que frena pisando un charco y se detiene. El sonido de una radio que se apaga para dejar bajar a una mujer que con su moño bien recogido espera que él le abra la puerta para cuidar con su mano el movimiento cadencioso que hará que su falda acampanada no revele datos innecesarios. Ese es el sonido de Carmen McRae.

Entre Sarah Vaughan y la triste Billie se ubica esta matriarca de la escena jazzística. Su voz concebida para deleitar a un auditorio pequeño, íntimo, su leve ronquera paulatina para crear el desgarro necesario para aislar la música de su fraseo y olvidar aquellos tiempos en que por culpa de papá tuvo que ser secretaria. Su manejo de la voz , de las inflexiones es apabullante, lleva el texto allí donde es esclavo de la música para liberarlo después y hacerlo protagonista.
Carmen es la esencia de un jazz heredero de otro que fue antes pero no siempre mejor. El halo de ser grande acompaña solo a los que se lo creen y Carmen lo creyó desde siempre. Las posibilidades de triunfo no son nada cuando se las compara con la ganas de triunfo, y en ese punto aparece la voz que es la banda sonora de su propia vida.
Largas noches de club junto a su marido Kenny Clarke , antes corista en Atlantic City, y siempre ese sonido característico que la convierte en una de las tres grandes. El Carnegie Hall fue testigo de su actuación junto a Gerry Mulligan más tarde Carmen sings Monk un disco maravilloso fruto de su ascetismo espiritual lejos del bullicio del ambiente que rodea el jazz. Dedicated to you es la culminación discográfica a una carrera que siempre suena a parecer estar esperando a que él abra la puerta.
- Daniel López Fidalgo - |